sábado, 23 de abril de 2016

"CUANDO ALGUIEN TE IMPORTA"

Si bien cada ser humano tiene su estilo, su forma de ser; si bien cada persona tiene “eso” que le hacer ser quien es; 
estás reglas con universales, porque el amor es el lenguaje de la humanidad; un lenguaje tan antiguo e innato en los seres humanos que está presente de manera universal.
Cuando alguien te importa de verdad, haces hasta lo imposible por estar a su lado; le haces saber que ocupa un lugar importante en tu vida,
no sólo con actos, si no con simples palabras, muchas veces un “¿Cómo has estado?” basta.
Una llamada, un gesto, un abrazo. Te importa hacerle notar que es parte de tus pensamientos,
quizás hasta de tus planes. No huyes de su presencia, al contrario: buscas constantemente su compañía, y lo agradable de un momento juntos.
Alguien que te importa
Si alguien te importa de verdad, se lo recuerdas cuando crees oportuno. Con el tiempo el cariño,
la confianza, la complicidad y la alegría crecen, se vuelve parte de tu día a día. Tratas de estar ahí si lo necesitase,
buscas ser apoyo y compresión cuando, por alguna razón las cosas no marchan bien y se desdibuja su dulce sonrisa.
Cuando alguien te importa, no sales con la típica escusa estúpida de “es mejor mantenerme lejos; yo sólo te hago daño”. 
Por el contrario, le buscas, y tratas de arreglar aquello que ha causado alguna herida, porque esa persona es tan importante, 
que eres capaz de dejar a un lado tu maldito orgullo, tu inseguridad y miedo; apartas las opiniones ajenas. Cuando alguien te importa,
no quieres que salga de tu vida, sólo porque crees que no le mereces; por el contrario, 
buscas desesperadamente las razones y motivos que te hacen merecedor de su amistad y compañía,
aunque realmente no se trata de quién merece qué; se trata de compartir por igual.
Cuando alguien ocupa un lugar especial en tu corazón, tarde o temprano el sentimiento te consume. 
Te apasiona, te hace feliz. El corazón no se equivoca, y te guía –a veces por puro instinto- en el camino correcto hacía la felicidad.
Cuando amas a alguien, ya sea como un amigo o como pareja, te preocupan sus pasos, 
quieres ser participe de los momentos felices; quieres estar ahí para sonreír en la victoria y para ser su apoyo en la derrota. 
Guardas con recelo todos los momentos que han vivido juntos. Los buenos momentos
: las sonrisas, la felicidad de un atardecer y la complicidad de una noche en vela hablando sobre las cosas de la vida,
son estos instantes los que te llenan de paz, de seguridad; son los indicadores de una amistad pura. Por el lado opuesto, los momentos malos, las riñas –grandes o pequeñas-, 
los desacuerdos y peleas por cosas sin importancia realmente;
son esos instantes los que indican que la amistad es sana, ya que son los pequeños –o grandes- obstáculos los que hacen aún mayor la victoria. 
Porque cuando alguien te importa le haces saber justamente eso: 
que a pesar de los desacuerdos y enojos le amas mucho; que su amistad y cariño valen más que un simple enojo por eso que ya ni tiene sentido.
Cuando alguien te interesa de verdad, compartes tu vida: tus detalles, tus sueños y fantasías; 
le haces participe de tus actos, desde las cosas más banales, hasta aquellas que nadie más sabe, 
aquellas que sólo esa persona especial puede comprender. Cuando alguien te importa, le dejas saber que es importante.
Cuando alguien te importa, y tú estás consciente que tú le importas de igual manera, buscas estar ahí, para corresponder el sentimiento. No te alejas sin explicación alguna. Cuando alguien te importa de verdad, le haces saber cuando está equivocado, le indicas sus posibles errores y tratas de guiarle por el buen camino. De igual manera, si alguien que tú consideras importante te habla con el corazón y te dice justo eso: los errores y equivocaciones, pon atención y escucha; tú le importas y es por eso que te ha hecho un llamado de atención.
Cuando alguien te importa, respetas sus decisiones. Eres capaz de darle el espacio que necesita, si busca estar solo, le brindas el momento que necesita para reflexionar. Si por el contrario busca de tu compañía, le recibes con los brazos abiertos. Eres capaz de aceptar lo que decida, porque le quieres, y buscas su felicidad ante todo. Si alguien que te importa te aleja, por cualquier motivo, respetas lo que ha decidido ya que es su bienestar lo que vale más; aunque esto signifique el que no esté a tu lado.
Yo te demostré con actos, con palabras, con gestos y silencios, cuán importante tú eras para mí; por lo antes expuesto, llego a la conclusión, en está noche sin luna, que yo no fui y no soy importante para ti. Si lo fuera, no callarías, no huirías de mi presencia. Si me amaras -como tantas veces me lo afirmaste- tendría más peso el sentimiento que tu estúpida filosofía de que no mereces ser amado.
Tú fuiste lo suficientemente importante para mí, como para abrir mi capullo y exponerme, por vez primera en mi vida, sin máscaras ni antifaces. Demostré que a pesar de ser frío y desconfiado con los demás seres humanos, soy de carne y hueso, y como los demás soy débil ante la fuerza del amor.
Demuestro constantemente que tan importante sigues siendo para mí, porque a pesar de todo respeto tu decisión de alejarte, de tomar tu espacio y tu camino; es precisamente porque me importas que te he buscado, y al encontrar el rechazo, me aparto de tu lado, ya que mi presencia te incomoda. Es por el mismo hecho –ahora sin sentido- de que me importas más allá de mi misma, que te sigo amando.
Pero si yo fuera importante para ti, me buscarías, porque la lejanía te hace daño; llamarías, porque extrañas el sonido de mi voz y mis silencios; escribirías al menos porque tendrías el valor de dar la cara. Te conozco muy bien, y sé que sufres, que ésta es la decisión de la cual más te arrepentirás con el paso de los años. Y en cambio, tú no apareces en mi día, y rehuyes mis miradas. Para estas fechas, y luego de tantos momentos compartidos, tú prefieres olvidar dejar atrás los ratos vividos con la única ridícula explicación que te sientes obligado a hacerlo, porque tarde o temprano me harás daño y eso te da miedo. Pero ¿adivina qué? Yo hubiera perdonado cualquier acto, cualquier falta, menos esto, porque si hay algo que odio, es la cobardía."

El arte de vivir