domingo, 28 de febrero de 2016

"SE SUFRE MÁS LO QUE SE IMAGINA"


¿Sabías que muchas veces el ser humano sufre más por lo que imagina que por lo que sucede realmente?
En el afán de querer tener todo bajo control, nos anticipamos, imaginamos, suponemos y terminamos preocupados por cosas que a veces nunca ocurren.
Nos envolvemos en una dinámica, que de a poco nos va encerrando en un callejón que se va haciendo estrecho. Las cosas se van convirtiendo en algo así como una bola de nieve, que crece a través de nuestro pensamiento.
Sufrir
La palabra que se suele usar en este caso es preocupación. Ella misma lo define todo en su significado, que radica en ocuparnos antes de que las cosas se presenten realmente. La preocupación en sí no es del todo negativa, porque nos ayuda a tomar las cosas en serio y aumenta el sentido de la responsabilidad. Sin embargo el límite a partir del cual comienza a hacernos daño es cuando no es posible avizorar ningún tipo de solución y lo único que abunda es intranquilidad, desasosiego e impaciencia.
Si ese círculo vicioso se intensifica y persiste, nos podemos ir metiendo cada vez más el callejón al que hacía referencia, pudiendo caer en cosas más graves, como trastornos nerviosos, fobias, obsesiones, sensaciones de pánico, insomnio, entre otras cosas.
Frente a la realidad de sufrir más por lo que imaginamos que por las cosas que suceden, es bueno tener una actitud crítica hacia las cosas que son el origen de las cosas que nos preocupan y preguntarnos tres cosas:
¿Qué posibilidad real existe de que eso que nos preocupa pueda ocurrir?
¿Qué cosas razonables podemos hacer para evitarlas?
¿De qué nos sirve continuar dándole vueltas al tema?
Así, y prestando un poco de atención, podemos ir frenando la ansiedad, no preocuparnos tanto por lo que suponemos que pude suceder y así poder prestar más atención a lo que está sucediendo realmente.
Ojalá que consideres que no andas demasiado preocupado y puedas compartir esta historia con otras personas.

El arte de vivir