sábado, 9 de enero de 2016

"LA SINCERIDAD... DECIR LO QUE PIENSAS"

"Recuerda que mientras más piedras pongan en tu camino, más grande será tu monumento".
Hoy se produjo una conversación que hizo que me pusiera a pensar en los costos que tiene la sinceridad, el decir la verdad, plantear lo que piensas, lo que crees o lo que te parece, es común, que esa locuacidad se transforme en un problema posterior. Ya que tu sinceridad puede ser, en ocasiones,

tu peor aliado. Existen dos causas que causan todas las confusiones: no decir lo que pensamos y no hacer lo que decimos. Y la ventaja de decir la verdad, es que no tienes que preocuparte más tarde por recordar qué dijiste.

La honestidad es un regalo muy caro que no podemos esperar de gente barata. Decir la verdad muchas veces sirve para que te tachen, te critiquen, te marginen… algunos son capaces de incinerarte en público si es necesario, crucificarte aunque tengas la razón, y para los que no saben, tú serás el culpable. Creo que debería existir un banco para que los hipócritas ahorren sus comentarios.
Pero también decir la verdad te permite saber con quienes cuentas y en quienes puedes confiar. Es probable que no sean muchos, pero es preferible eso a vivir rodeado de hipocresía. La sinceridad le duele a quienes viven en un mundo lleno de mentiras.
Hay personas que opinan que ser sincero aunque duela esta bien y otras que es una indiscreción o falta de tacto, incluso llegan a acusarte de mal educado. Yo creo que solo debemos callar nuestra verdad en casos en los que nuestra sinceridad puede ocasionar un grave problema que vaya más allá de la intención con la que se habla. En lo particular a veces yo le doy varias vueltas a lo que quiero decir cuando se trata de algo que puede hacer daño a quien escucha y más si es alguien a quien yo quiero. Y creo que eso esta bien, que es lo correcto, para procurar no dañar moralmente a nadie.
Yo soy una persona demasiado sincera y con pocas habilidades diplomáticas, y sin disfrazar las cosas doy mi opinión más auténtica y verdadera… y esa sinceridad no le gusta a mucha gente y hace que caigas mal, que algunos ni siquiera te soporten. Pero… ¡prefiero caer mal por sincera que caer bien por hipócrita! Para mi asombro, a pesar de eso y quizás por eso precisamente es que transmito tanta seguridad y confianza en quienes me llegan a conocer realmente.

Mis amigos y algunos de mis familiares saben que se puede contar conmigo de la mejor manera, porque cuando quiero a alguien lo quiero de verdad. Puedo ser muy divertida y me gusta gozar de la compañía de todos ellos. Pero también están conscientes de que hay momentos en los que llego a ser irritante y muy hiriente. A veces por malos entendidos, por la necedad de querer mantener las cosas que ya son insostenibles, por malas actitudes de los otros... y porque tiendo siempre a decir lo que pienso.
Y lo cierto es que muchas veces la espontaneidad en el lenguaje cuesta caro. Cuando se responde rápidamente o se habla sin pensar sale a flote lo que realmente pensamos tanto para bien como para mal. Por eso dicen que se debe pensar tres veces antes de hablar pero sinceramente creo que si hacemos eso corremos el riesgo de disfrazar lo que queremos decir y terminar no siendo sinceros.
Como dijo John Lennon: “Ser honesto puede que no te dé muchos amigos, pero te dará los amigos adecuados”. Por eso yo seguiré siendo igual porque no podemos caerle bien a todo el mundo. Siempre habrá gente que le caes mal o hasta te odie por decir lo que piensas (sobre todo si no le conviene) de forma clara y directa, aunque seas una persona maravillosa o seas el mayor ejemplo de espíritu humanitario del mundo. Lo mejor en estos casos es pasar olímpicamente y seguir con tu vida. ¿No le caes bien a alguien? Bueno, hay otras 100 personas a las cuales les caes genial, céntrate en esas. Grandes son aquellos que a pesar de ser juzgados por ser quienes son, no cambian para complacer a nadie.

Cuando seas inmune a las opiniones y actos de los demás, dejarás de ser victima de un sufrimiento innecesario. Nunca serás feliz si siempre te preocupa lo que los demás piensen de ti. Las únicas personas que necesitas en tu vida, son aquellas que te demuestren que te necesitan en la suya. Si cambias para que te acepten, te arriesgas a no aceptarte tú. Mientras tú sepas quien eres, no tienes nada que demostrar. No me importa lo que la gente piense de mí, yo no me califico por la opinión de los demás, yo sé bien quien soy, y sobre todo lo que valgo.
Prefiero parecer antisocial antes que estar rodeado de hipócritas que no aporten nada positivo a mi vida. Porque en verdad señores a veces uno conoce cada gente, que te obligan a preguntarte: ¿De verdad ese fue el espermatozoide más rápido?
Amigos, tengan algo por seguro, lo bueno de ser sinceros y decir las cosas a la cara es que disminuyen las sonrisas fingidas y los saludos hipócritas.

El arte de vivir