domingo, 10 de enero de 2016

"¿TÚ CREES QUE UN CLAVO SACA OTRO CLAVO?"

El problema es que no puedes tener una relación saludable con nadie hasta que no hayas curado las heridas que sufriste en el pasado. Cuando ignoras tu dolor, tarde o temprano pagas las consecuencias. Es como si te partieras el tobillo y antes de que sane la fractura, decides ponerte unos tacones para ir bailar. Tu atrevimiento, no solo te hará bailar coja, sino que también atrasará el proceso de sanación.
Un clavo saca otro clavo
Clavo que saca a otro clavo, según el diccionario de la real jerga popular, se refiere a aquella práctica milenial en la que intentamos reemplazar un antiguo amor con una nueva persona. También se conoce por sus sinónimos: buscar un escape, ahogar el despecho, evadir el duelo, y su único opuesto es el tan temido “darle tiempo al tiempo”, que solo los más valientes conocen.
Es fácil reconocer que estás incursionando en esto de andar martillando clavos cuando a solo una semana de haber terminado con tu pareja, de repente te acabas de enamorar, “sin haberlo planeado”, de alguien más. Si esto no es suficiente, te darás cuenta cuando te encuentres explicándoles a todos, sobre todo a ti mismo, cómo te enamoraste otra vez tan rápido. Esta sin duda es la parte más difícil: explicar como una persona de más de 15 años puede volverse a enamorar en dos días.
Hay quienes dicen que un clavo sí saca a otro; no lo dudo. Algunos dicen que este tipo de amores se van de nuestras vidas tan rápido como llegaron, pero he escuchado historias de gente que se queda colgando de sus clavos por años y hasta llegan a construir relaciones serias y duraderas con ellos.
Esto podría significar un nuevo amor o tal vez la mejor de las conveniencias; quizá lo que pasó es que en el camino hacia un sueño te perdiste y encontraste uno mejor, o será que no quieres quitar ese otro clavo porque sabes que ahí seguirá estando el hueco que dejó el anterior.
Mas hay otro camino lejos de los clavos y martillos que remiendan tan bien los corazones: exhibir en nuestra piel los huecos y cicatrices de todas esas guerras de besos y despedidas de las que hemos logrado sobrevivir, ser soldados valientes que enfrenten el desamor como si enfrentaran la muerte, que cuando nos dejemos emboscar por un nuevo amor podamos ofrecerle algo más que la urgencia de un olvido.
Al final, algunos se enamorarán de quien más rápido pueda remendar su corazón, mientras que otros preferirán tomarse un tiempo y luego quedarse con alguien que los quiera con heridas incluidas. No importa qué remedio escojas para tu mal de amor, pero siempre ten presente que sí puede ser que un clavo saque otro clavo, pero, amigo, del martillazo solo tú te sobas.

El arte de vivir