martes, 22 de septiembre de 2015

"QUIEN CONOCE DE TEMPESTADES, VE LLOVER Y SONRIE"

Cuando la vida te golpea una, y otra, y otra vez, con el tiempo aprendes a ser como el bambú, flexible pero resistente.


Union
Aprendes a mirar las gotas de lluvia, esas por las que sales corriendo desde que caen cuatro, y a frenarte para disfrutar de ellas, del acto reflejo de cerrar los ojos cuando las sientes en tu cara de repente. Comienzas a fijarte en los distintos colores del césped, de su olor llueva o haga sol; de la cantidad de variedades de flores que salen a tu alrededor o, simplemente, a frenarte en seco en medio de la calle. Y respirar. 


Quien conoce tempestades
Cuando te levantas tras cada caída, te levantas con un saber más, una herida más y un obstáculo menos. Con más fuerza que antes y un punto de vista distinto. 
Cuando te caes tantas veces, aprendes a volar, a ser aire. Aprendes a moverte con fluidez, a pensar con rapidez para esquivar los golpes de la vida, pero se te olvida que ella siempre será más rápida y sabia que tu. Y más hija de puta. Se te olvida que por ella estás aquí y que sabe perfectamente cómo eres, tus defectos, tus fallos, tus errores, tus secretos más oscuros; así como tus alegrías, tus sonrisas y tus recuerdos más felices. Conoce cada rincón de tu ser y traspasa cualquier barrera, por infranqueable que sea, pudiendo sacudirte los cimientos hasta dejarlos en despojos inservibles que luego tu sola deberás reconstruir, a la espera de que regrese a sacudirlos de nuevo. 


Aprendes a cambiar, a forjarte un muro resistente para que, cuando regrese a golpearte con su rudeza, estés lista para no venirte abajo con todo el equipo. Aunque sea prácticamente imposible y vuelvas a comenzar.
Miles de veces sentirás que ya no puedes más, que las fuerzas te flaquean y la esperanza se disipa. Te rindes, te hundes en tus propios escombros y, en vez de volver a reconstruir la muralla, te cavas un pozo para refugiarte en él y huir de cualquier sacrificio más.
Porque estás cansada, agotada, humillada y destrozada. Por que, ¿para qué mentir?, estás hasta los cojones de luchar por y para nada. Cerrarás los ojos y te dejarás ir, pero tu corazón nunca se rendirá y le oirás gritarte mil veces:
"Cobarde.
Lucha por lo que es tuyo, por tu sonrisa, por tu vida, por ti"

Y es entonces cuando abrirás los ojos, esos que se llenaron de lágrimas un día, los secarás con tus manos, las mismas que una y otra y otra vez te reconstruyeron con tesón; y te levantarás. Volverás a salir de tu pozo, a acostumbrarte al aire, a la lluvia, y volver a reconstruirte con las mismas ganas. Volverás a ver pasar las horas, los días y las estaciones pasar; volverás a disfrutar, a sonreír, a confiar aun a sabiendas de que volverá para sacudirte, a destruirte. 

Pero ya no te importará, porque habrás aprendido que, quien conoce de tempestades, ve llover y sonríe.

El arte de vivir