miércoles, 23 de septiembre de 2015

"EL SENTIDO DE LA AMISTAD"

“La amistad es más difícil y más rara que el amor. Por eso hay que salvarla como sea.” (Alberto Moravia) Las relaciones de amigos se caracterizan por la confianza, el apoyo y el respaldo del otro, o al menos esa es la expectativa de muchos al decidir entablar una amistad.
Sin embargo, también se caracteriza por ser un vínculo con una fuerte carga emocional donde se pueden presentar divergencias, malos entendidos y discusiones que pueden tornarse bastante tensionantes y llevar a distanciamientos temporales o definitivos. En realidad en la amistad, existen múltiples situaciones que pueden convertirse en un conflicto y causar malestar e inconformismo, y si no se atienden a tiempo pueden afectar las buenas relaciones.

El sentido de  la amistad
Las peleas ocasionales entre los amigos que no responden a un problema grave o a una forma habitual de relacionarse, son normales. Es más, hacen parte de la dinámica de esta relación. Lo importante es que dichos conflictos no lleguen a maltratar el vínculo, ni a erosionar los aspectos positivos, debilitar la confianza y generar sentimientos de rencor y rabia. 

Muchas de las dificultades que tienen los amigos se dan cuando hay discrepancia entre lo que cree cada uno que debe ser la amistad y como realmente se vive, es decir, entre las expectativas y el cumplimiento de las mismas. También se dan por la no aceptación de la diferencia del otro, por querer acapararlo y no permitir que tenga una vida distinta a la nuestra, o porque nos queda difícil aceptar que comparta con otras personas. 

Como en cualquier otra relación, en la amistad pueden existir actitudes negativas que generan malestar y desgaste. Criticar y acusar permanentemente, atribuir culpas, pasar cuentas de cobro, hablar con ironía y sarcasmo, desvalorizar o burlarse del otro, actuar con celos, mantenerse a la defensiva, asumir o tergiversar lo que el otro dice o querer imponer nuestro pensamiento, constituyen posiciones egoístas que nada tienen que ver con una amistad sana y constructiva y que por el contrario generan relaciones angustiosas o superficiales. 

Muchas amistades pueden verse seriamente afectadas cuando viven un día a día de hostilidad, lo que se puede mostrar de muchas maneras, algunas sutiles como la indiferencia, las descalificaciones, la falta de comunicación o de afecto y otras más directas como el mal humor, los gritos, los insultos o el maltrato. 

Lo cierto es que las peleas con los amigos duelen mucho y hieren nuestras emociones, pues en esta relación depositamos nuestra confianza y de ella esperamos apoyo, guía, reflexión, ternura, solidaridad y afecto. Es un espacio de identificación con el otro, de complicidad, que cuando se rompe o se afecta genera un impacto profundo en nuestras vidas. 
Una amistad verdadera no se esconde de los problemas, más bien, es capaz de encontrar formas constructivas de manejar conflictos. Esto implica hablar directamente sobre las dificultades de manera amable y respetuosa, sin agresividad; no dejar pasar el tiempo para ver como una diferencia se convierte en una confrontación de gran magnitud y larga duración; expresar claramente los puntos de vista propios, pero también ponerse en el lugar del otro, estar dispuesto a disculparse o pedir perdón y reparar los daños hechos.

A propósito de que una buena amistad merece ser siempre rescatada de las diferencias, los desacuerdos o los conflictos, y en ese sentido vale la pena arriesgarse por ella, resalto esta cita de un artículo del escritor nadaista Jota Mario Arbeláez sobre la historia del día del amor y amistad. “El sentir solidario de los amigos es impermeable a las inconsistencias y arrebatos del corazón…. Porque gracias a la amistad se conserva la esperanza de que no se acabe la especie, el vecino duerme tranquilo, se hace mas vivible la tierra y cobra fuerza la risa.


Publicado en el Diario La Crónica del Quindío,  por MARIA ELENA LOPEZ

El arte de vivir