jueves, 8 de enero de 2015

"NO ES EL FIN DEL MUNDO DEL MUNDO, SOLO ESTAMOS DE PASÓ"

La vida es corta

Si miramos hacia atrás y pensamos en lo que hemos vivido, nos damos cuenta, que todo ha pasado rápido. “Porque ¿qué es nuestra vida? Ciertamente es neblina que se aperece por un poco de tiempo, y luego se desvanece” Santiago 4:14. Esta realidad, nos recuerda que somos humanos, y que la muerte está siempre a nuestro lado, que en cualquier momento puede alcanzarnos. La vida es corta y hay que saborearla profundamente.
Entender que solo estamos de paso, lejos de ser un acto fugaz o de filosofía pretenciosa, nos invita a ubicarnos con plenitud en el momento y lugar en donde todos estamos de paso, acción que podría a nuestra razón someterse a la simple lógica o el sentido común, pero que en el fondo se acerca más a un acto desafiante de conciencia que nos reta a un permanente despertar.
Hoy aprendemos constantemente a olvidar, y nos dejamos manipular por el dolor, la irá, la gula, la envidia, la adicción y el deseo desmedido de pertenencia, pero poco nos detenemos a observar todo aquello que nos libera de ataduras y que nos lleva aquel punto de fascinación y deleite como cuando de niños podíamos contemplar la vida sin etiquetas, sin necesidad de interpretarlo todo y sin limitarnos por absurdos prejuicios. Heredamos temores e innumerables razones para intentar justificar las negativas, llevamos al extremo los motivos de nuestra indiferencia y compartimos una sola razón de ser: la de pertenecer.
Solo pertenecer, pertenecer a un grupo, a una sociedad, a una marca, a un estilo, a una corriente, a una persona; y ¿en que momento hemos pensado en pertenecer a nosotros mismos?
La ambición desmesurada por entregarnos a lo que en realidad es un cúmulo de usufructos, que al final del camino no podremos conservar, nos limita y nos acota, podremos lograr el efímero y presuntuoso éxito material que sin lugar a dudas nos ofrece satisfacciones, pero habremos invertido tal esfuerzo y tiempo, que pronto nos daremos cuenta que son solo posesiones temporales y no una propiedad auténtica, que hemos encumbrado un gran escenario para llenar las expectativas de una sociedad cegada por el estereotipo y del cual pronto te acostumbrarás y nunca más podrás valorar de igual forma. A todo te acostumbrarás cada vez más rápido y nada podrá saciar ese vacío que en tu imaginario se torna siempre más complejo, más profundo y poco comprendido, un vacío que nunca existió, pero solo tu le das cabida.
Cuando llegue el momento de partir poco recordaremos ese auto último modelo en el que llegábamos al restaurante de lujo o los zapatos de exclusivo diseño que almacenábamos en el armario para evitar ensuciar, ya no habrá joyas, ni vestidos que presumir, ni siquiera alarde de ese moderno apartamento en el cual jamás volverás a amanecer, sin embargo, recordarás aquel viejo amigo de la infancia, tu primer amor, el abrazo fuerte de un hermano, la sonrisa de aquel niño que ayudaste, la emoción del perro que algún día acariciaste, el amanecer cálido y las noches de frío que en momentos de pasión y soledad lograste compartir y contemplar, esas experiencias vividas que poco tienen que ver con tus posesiones, son las que al final te acompañarán en tu partida.
Quizá el fin del mundo jamás logremos presenciarlo, pero si seremos espectadores en primera fila de nuestro propio fin, cualquiera que este sea, comprender que no somos lo que poseemos, sino lo que sentimos y compartimos, es un acto de conciencia que bien merece ponderarse, el tiempo que tenemos para disfrutar la vida, nuestra vida, puede ser más corto de lo que pensamos. Así que regresar a nuestros principios, retomar nuestros ideales y recuperar un poco de aquella infancia en donde la capacidad de asombro por las cosas simples de la vida era nuestra fortaleza insuperable, será una de las mejores decisiones que podamos tomar para rescatar el disfrute de la vida misma.
Y si es que en verdad solo estamos de paso, entonces tendremos la oportunidad de observar, aprender, crecer, amar y regresar a casa para compartir y recordar lo bien que la hemos pasado.
Alguien me compartió esta breve historia, y hoy me toca a mi compartirla:
Un turista fue a visitar a un famoso sabio que vivía solo en las montañas. Al llegar, quedó asombrado al ver que la casa del sabio sólo tenía una sencilla habitación llena de libros, una mesa y un banco.
– El turista preguntó, “Señor, dónde están sus muebles?”
– El sabio respondió con otra pregunta, “¿Dónde están los suyos?”
– “¿Los míos?”, preguntó perplejo el turista. “Pero yo sólo estoy aquí de visita, estoy de paso”
– “Y yo también”, respondió el sabio.
Finalmente, estar de paso en esta vida es una aventura que podemos disfrutar todos los días sin límites, ni cargas excesivas.
 El arte de vivir