martes, 15 de julio de 2014

"«HABLAR ALARGA LA VIDA Y MEJORA EL CORAZON Y LA MENTE>>"

Hablar alarga la vida.

Nadie se libra de sufrir alguna adversidad a lo largo de la vida. Sea un accidente o un revés laboral o económico, la ruptura de una relación, una enfermedad incurable o la pérdida de un ser querido, estos infortunios tienen en común que alteran el orden normal de las cosas, ponen a prueba nuestro equilibrio físico y emocional, conmocionan nuestra seguridad y amenazan el sentido de futuro o la misma supervivencia.

Hablar
La capacidad para el diálogo fomenta el número y la profundidad de las relaciones personales. Estas relaciones se tornan más afectivas permitiendo mayor número de apoyos y más sólidos de cara sobrellevar los momentos de dificultad. Hablar mucho es, por tanto, un elemento que ayuda a mejorar la salud ya que permite conectar mejor con el resto de individuos con los que se convive y poseer más recursos e informaciones que contribuirán a estar mejor preparados ante cualquier modificación del entorno personal, social, laboral o ambiental. Es ésta una de las claves del desarrollo de las redes sociales digitales durante la última década. Un espacio de diálogo nos permite que estemos separados pero conectados.

Hasta hace poco, como seres humanos, vivíamos en entornos cerrados, pequeños, bien estructurados en los que lo único que necesitábamos para sobrevivir socialmente era seguir a pies juntillas una serie de instrucciones que gobernantes, religiones u otros mandamases dictaban para nosotros. En el siglo XX se produce una transformación radical, la revolución tecnológica que pone al alcance de los ciudadanos una gran cantidad de conocimiento que ayuda a aumentar las posibilidades del individuo. Comunicarnos nos ayuda a estar en permanente contacto con lo que nos rodea, nos ayuda a tomar decisiones, a resolver conflictos. Comunicarse es transmitir cultura, conocimiento, saber, experiencia. Comunicar es la posibilidad de conocer, descubrir, participar en la vida comunitaria. Necesitamos más que nunca de la herramienta de la comunicación para saber y poder adaptarnos a un entorno en permanente transformación.

El diálogo contribuye a tener una mayor capacidad para mantener el control de la propia vida y reducir así la intervención de la incertidumbre. Comunicarse ayuda a reducir la intervención del azar en la propia vida y aumentar el control individual sobre el propio destino. El diálogo es la estrategia de las personas más inteligentes. Hablar y comunicar es la clave para ser más flexibles y poder estar preparados para el cambio. Con ello nuestra esperanza de vida y nuestra calidad estarán en progresivo aumento. Hablar, dialogar, comunicar es la herramienta más poderosa que tenemos para ser felices, es nuestro escudo contra la infelicidad.

Todos nosotros poseemos una inteligencia social. Inteligencia que no es más que la capacidad de relacionarnos con los demás y cuáles son los patrones de comportamiento utilizados para ello. Por ejemplo, en los primeros momentos de nuestra vida son nuestros padres quienes nos enseñan a relacionarnos con el mundo que nos rodea. Por eso les preguntamos, queremos saber. Bombardeamos a preguntas a quienes nos rodean en busca de las explicaciones acerca de por qué ocurre lo que observamos.  Hablamos para conocer los motivos que han provocado y provocan las más mínima transformación en el medio ambiente en que vamos creciendo.


Hablar  y amar
Este comportamiento en la infancia es el indicativo de la interdependencia en la que vivimos. Necesitamos seguir  conectados para seguir dando respuesta a nuestros por qué. Estos no desaparecen. Siempre están presentes ya que se van sustituyendo continuamente por otros nuevos. Los por qué no son más que intercambiadores de emociones, preocupaciones, sueños e ilusiones. La búsqueda de una explicación es la base del diálogo, es puro deseo de conocimiento. Es la estrategia evolutiva que nos permite desarrollarnos y seguir viviendo. Hablemos.

El arte de vivir