jueves, 15 de mayo de 2014

"PEQUEÑAS COSAS QUE PRODUCEN GRANDES ALEGRÍAS"

En busca de una vida mejor.

"No hay ascensor hacia la felicidad. Hay que tomar la escalera". (Phil Bosmans)

"Del mismo modo que no tenemos derecho a consumir riqueza sin producirla, tampoco lo tenemos a consumir felicidad sin producirla" George Bernard Shaw)


Cuando escasean las grandes razones para sentirse feliz y confiado, conviene redescubrir los

Amor
sencillos goces cotidianos que nos regala la vida.
No se trata de escapar de la dura realidad sino de ampliar nuestra visión y valorar los detalles, para levantar el ánimo y hacer acopio de fuerzas para afrontar nuevos retos. «Las prisas, las obligaciones y responsabilidades hacen que nos metamos en una vorágine sin dejar apenas tiempo para disfrutar y apreciar los detalles y las pequeñas cosas que nos pasan», señala la psicoterapeuta Iria Salvador, especializada en psicoterapia humanista.

Según la experta «pasamos por la vida normalmente sin darnos cuenta de todos estos pequeños placeres que contribuyen a nuestro bienestar y a nuestra felicidad, como pasar una tarde con nuestros hijos o un buen amigo». De acuerdo a Salvador, «en una investigación en la que se les preguntó a personas que sobrepasaban los 100 años qué cosas eran más importantes en la vida, éstas respondieron que las relaciones familiares, los amigos y tener un objetivo en la vida, tener un plan de vida, comer y moverse sin excederse».

Para «disfrutar de las pequeñas cosas de la vida» la psicoterapeuta humanista aconseja «vivir el momento», lo cual «no significa no pensar en el futuro o no preocuparse de las consecuencias que nuestros actos puedan tener, sino tomar la actitud de un niño, para quien el momento presente es toda su realidad».

Con mirada infantil

«En el mundo de los niños, las cosas son más sencillas y las cosas pequeñas tienen un gran valor. Se trata de intentar ver el mundo con esos ojos y practicar la conciencia plena en cada cosa que hacemos, centrándonos en el momento presente y disfrutándolo haciendo práctica de la sencillez que no implica la simpleza», finaliza la experta. «El ejercicio de apreciar y gozar de las pequeñas vivencias en las que habitualmente no reparamos, cegados por la preocupaciones, las prisas y el estrés, alimenta nuestra perseverancia para seguir adelante, no renunciar a nuestros sueños y convertirlos en realidad», señala el psicoterapeuta Raúl Vincenzo Giglio, de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal (EEDT). «Al hacernos más conscientes de las alegrías de la existencia, en vez de vivirlo de manera automática, las disfrutamos mucho más. De acuerdo a este psicoterapeuta, «durante el día vivimos momentos cargados de bienestar y sosiego, que consisten en algo tan sencillo como calmar la sed, irse a la cama cansado, recibir una caricia física o charlar con los amigos, aunque para gozarlos plenamente hemos de ser conscientes de ellos, diciéndonos en ese instante «estoy muy a gusto, que bien me siento».



Humildad 
Una de las mayores fuentes de deleites —según el experto de la EEDT— nos la ofrece la naturaleza: «Podemos caminar al aire libre, visitar el bosque, la playa, la montaña o el campo, o estimular nuestros sentidos con el verde de las plantas, el canto de las aves, el contacto con la brisa y el agua pura, o bien con el aroma de las flores o el frescor de un parque».

Abrirse a las emociones

Para Giglio, «los pequeños mimos, que nos regala la gente cuando reconoce nuestra valía, capacidades o belleza personal, también son una fuente de goce, que hay que tener en cuenta». Este psicoterapeuta aconseja preguntarse al final de cada jornada, ¿de qué he gozado hoy?, porque «al atestiguar los pequeños placeres que hemos vivido, descubrimos que son muchos más de los que pensamos, desde ayudar a alguien o tomar una buena comida hasta mantener una buena comunicación con los demás».

«Este sencillo ejercicio desarrolla en nosotros la idea de que el mundo es un lugar hermoso, donde vale la pena vivir, nos produce sentimientos de abundancia, de gratitud y de ser merecedores de lo que nos da la vida, y disuelve las creencias negativas como que el mundo es un valle de lágrimas», señala.

La psicóloga clínica Margarita García Marqués aconseja «disfrutar la cálida caricia del sol, respirar el aire puro, observar y sentir lo que nos rodea, mirar a nuestra pareja a los ojos, abrazar a un amigo».

Para la directora del centro Hara de crecimiento personal, «son pequeños gestos que nos reconectan con nuestro ser interior y nos ayudan a sentirnos bien. Se nos olvidan, porque vivimos a toda prisa intentando cumplir una infinita lista de actividades».

El arte de vivir