martes, 22 de abril de 2014

"EL ENGAÑO Y LA MENTIRA"

Engaño e inteligencia


Más allá de toda consideración moral, la capacidad de fingir supone una habilidad intelectual y, por

¿Engaño?
tanto, un innegable logro, tanto en el plano evolutivo como en el histórico y el propiamente biográfico. Dos de las conclusiones básicas de los estudios empíricos sobre el lenguaje no verbal nos enseñan que quien miente ha de pensar más que quien dice la verdad, pues debe por fuerza afianzar la coherencia de sus argumentos; también debe controlar más sus emociones y prestar atención a sus propios movimientos para que no delaten su verdadero pensamiento. En términos puramente pragmáticos, decir la verdad es simple, en tanto que mentir resulta más complicado. Ya Montaigne escribió en sus Ensayos que si la mentira no tuviera más que un rostro, como sucede con la verdad, todo sería más fácil, pues tomaríamos por cierto lo opuesto de lo que dice el mentiroso... “pero el reverso de la verdad tiene cien mil aspectos y un campo indefinido” (Montaigne, 31). Parecida reflexión hizo Erasmo al señalar que la verdad es simple y el error, en cambio, fecundo (Erasmo, 291).

Cuando escuchamos de engaño lo asociamos a decepción, traición y mentira.  También, al dolor psicológico que eso conlleva. Engañar es faltar a la verdad en lo que se dice, se hace, se cree o se piense. Asimismo, es dar a lo falso apariencia de veracidad o provocar que alguien tenga por cierto lo que no lo es. El autoengaño es cerrar los ojos a la realidad, por ser más grato y cómodo aceptar la mentira, como la persona que pretende ignorar la infidelidad de su pareja. El engaño que más ocurre es el de un ser querido o el de la persona a quien amamos. El dolor que nos causa es porque normalmente no podemos concebir que alguien que nos quiera nos mienta. Si un adversario o desconocido nos engaña le llamamos estafador o mentiroso pero si nos tima el ser amado nos sentimos desolados. En estos casos, el engaño más frecuente es por adulterio, pero no el único. Los hay por el manejo del dinero, por vicios, o por temor a enfrentar la ira del otro.
Por otra parte, no solamente el engaño tiene que ver con los familiares o el cónyuge. Sembrar falsas ilusiones también es engaño y constantemente estamos percibiendo situaciones, informaciones, publicidad y propaganda de hechos que crean falsas expectativas. Sin embargo, en un sinnúmero de ocasiones no nos damos cuenta y las dejamos pasar, otras veces creemos y vivimos de esas ilusiones hasta el punto de convertirse en verdaderas necesidades. Estas ilusiones o espejismos nos pueden segar el entendimiento a pesar de que la razón nos diga lo contrario.

Dime lo tu
El ser humano sabe que existe el engaño y no obstante sucumbe ante las tretas. No siempre se está preparado para la trampa por más que se crea, se sea inteligente  o se tenga experiencia. Un dicho popular nos advierte: "Al mejor cazador se le va la liebre".

Para enfrentar el engaño lo importante es buscar  la mayor información posible, utilizar nuestra intuición, y por ultimo, la razón antes que la emoción. Un viejo proverbio árabe dice que la primera vez que te engañen, será culpa del otro, pero la segunda será culpa tuya.

Cuando nos engañen lo más recomendable es superar la desesperación y los juicios emocionales hasta donde podamos y preguntarnos cuál fue la causa, cómo sucedió y en qué circunstancias. Qué pasó para llegar a esa situación.  Además, debemos dejar a un lado el odio o el deseo de venganza. Luego hablar con la persona que nos engañó y confrontarlo pidiendo una explicación.

Abraham Lincoln dijo: "Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo. todo el tiempo".

El arte de vivir