jueves, 24 de agosto de 2017

"DUELE MÁS EL SILENCIO DE UN AMIGO, QUE EL INSULTO DE UN ENEMIGO"

Que nos ignoren, que nos hagan el vacío o que nos apliquen el tratamiento del silencio (si empleamos un nombre más formal) es algo por lo que todos hemos pasado.
Silencio 
Esta situación no duele tanto cuando quien nos ignora no tiene ningún vínculo con nosotros. Total, a todos no podemos caerles bien y tienen derecho a pasar olímpicamente de nuestra persona.
Sin embargo, cuando ese tratamiento del silencio es empleado por una persona cercana, estamos hablando de un castigo muy serio. No hay daño físico, pero emocionalmente puede ser devastador. Tanto, que el dolor se extiende al cuerpo.
Quien lo lleva a cabo retira su afecto y su atención a la víctima. La hace sentir insignificante, perdida, incómoda, rechazada… Su objetivo es ése: herir. Muy cruel, ¿no crees?

La víctima ve apaleada su autoestima. Si recibe ese tratamiento de alguien que se supone que la quiere, ¿es que se lo merece?

Puede que pase un tiempo sin prestarse atención a sí misma, para dársela a quien la está castigando. Eso es lo que quiere su verdugo: atención y tener el control.

La víctima quizás responda silencio con silencio o quizás intente dialogar, en buenos términos, por si logra una respuesta.

El que abusa, muy a menudo, justifica su actitud. El tiempo y las circunstancias avisan si son razones válidas o si sólo son excusas.

Estoy estresado.
Necesito espacio para pensar.
No quiero pelear.

… En el segundo caso, echa balones fuera, poniendo la culpa en otro lugar. Puede ser tan cínico que culpe incluso a la propia víctima.

El arte de vivir