viernes, 21 de julio de 2017

¡LAS PALABRAS SE LAS LLEVA EL VIENTO! -¿LAS ACCIONES?! ¡NI UN HURACÁN!

Hace poco, al estar deambulando por el aeropuerto, buscando uno de los vuelos que habría de llevarme al destino donde pasaría  mis vacaciones,
Las palabras se las lleva el viento
escuché a una mujer diciendo (en tono de broma) “Si eso pasa, me suicido” y su amiga se rió, probablemente ignorando que más de 40% de las personas que sacan a una conversación el tema del suicidio, aunque sea de broma, ya han contemplado aquella posibilidad al menos 10 veces, cuando están a solas y no hay nadie para reírse de eso.
Hemos de saber que el vocabulario es un sistema de expresión donde pocas cosas son verdaderamente ciertas, así como pocas cosas son verdaderamente falsas, de ahí el dicho “De broma en broma la verdad se asoma”.
Bien decía Jesucristo que las palabras son aquello que le sobra al alma, lo que significa que aquello que sale de nuestra boca son emociones verdaderas, recicladas en palabras.
A su vez, se ha dicho que la lengua es más poderosa que la espada, lo que significa que las palabras que pronunciamos muchas veces, aunque estén disfrazadas de algo poco serio, en realidad pueden ser algo muy serio.
En la cúspide de nuestros tiempos, hemos descubierto de nuevo el poder de la palabra, algo que en la antigüedad, en los tiempos de los griegos y egipcios, las elites sociopolíticas sabían muy bien el poder profético contenido por las palabras y que aquel que hiciera un puente íntimo entre el corazón y las cuerdas vocales fabricaría su destino como un herrero una espada, por lo que habría que controlar el lenguaje tanto oral como escrito de las clases inferiores; es por eso que desde entonces se ha procurado que el pueblo no sepa leer.
Hemos escuchado muchas veces aquel proverbio que dice “A las palabras se las lleva el viento”; sin embargo, nunca hemos escuchado algún proverbio que diga “A las palabras las destruye el viento”.
Esto es porque, en efecto, el viento se lleva a las palabras; sin embargo, se las lleva para convertirlas en realidades, que regresaran a su punto de origen en forma de trueno,  por lo que el proverbio está incompleto y debería leer “A las palabras se las lleva el viento, las formará de acuerdo a su naturaleza y las enviará de regreso a su creador”, algo que es muy distinto al primer significado.
En casi todas las religiones, la implementación de la palabra es crucial para seguirla adecuadamente, un acto que conocemos como orar, lo que significa palabrear.
Una oración en un lenguaje es un grupo de símbolos que expresan una idea completa y un grupo de ellas expresan una acción concreta.

Al saber esto, hemos de tener sumo cuidado de aquello que pronunciemos, porque como usted ahora ya está enterado, a las palabras no se las lleva el viento, sino que las toma prestadas, y aquellas regresarán a visitarnos y a pedirnos cuentas.

El arte de vivir