martes, 17 de enero de 2017

"MI PATRIA"

Llámame exquisito, pero no quiero corruptos en mi patria. Ni gente que se aproveche adrede de la buena fe de los demás. Ni ladrones que roban con el único afán de amasar: mejores coches,
Mi patria
casas más grandes, joyas. Robar para dar de comer a tus hijos, eso sí que es mi patria porque lo entiendo (yo haría lo mismo). Urdangarines que podrían vivir bien con lo que tienen y sin embargo roban a sus mismos compatriotas, no. Nunca. En ningún caso. Tampoco ministros que indultan a banqueros, a kamikazes y a policías condenados por apalear a la gente. Ni gobiernos que venden lo público a empresas privadas. Lo público sí que es mi patria. Patrimonio de todos, para todos, sin distinciones. Vender la sanidad pública a una empresa con sede social en Puerto Rico es lo más antipatriota que he visto nunca. O amnistiar a quienes esconden su pasta en Suiza para no pagar impuestos. O implantar tasas para que la justicia no sea igual para todos. O medios de comunicación que mienten a propósito o dicen verdades a medias. Mentir por el bien de la patria no es mi patria. O que mis hijos tengan por cojones que aprobar religión (católica) para pasar de curso. Mi patria no obliga a nadie a creer en nada. Mi patria te da libertad para que creas en lo que te de la gana.
Mi patria es mi taxi, por supuesto. Y toda esa gente amable que entra en mi taxi con ganas de construir. Mi patria es un hombre de Estocolmo, una pareja de Sudáfrica, un transexual de Venezuela, o un escultor de Murcia. Y mi patria eres tú, por supuesto.

Lo curioso es que aquellos que más hablan de patria, los más visiblemente patriotas, están en las antípodas de lo que yo entiendo por patria. Esos que ondean orgullosos su bandera. ¿Orgullosos de un país corrupto y en proceso de venta al mejor postor? Disculpen, pero no lo entiendo.

El arte de vivir