martes, 17 de mayo de 2016

"REFLEXIONES SOBRE EL BESO"

Es ahí, en el beso, donde estos post me hacen reflexionar. Creo que la persona humana fue creada para la relación. Diríamos que somos seres en relación, y eso significa que necesitamos de forma ineluctable comunicarnos. De no poder hacerlo nos sentimos amenazados y vacíos. El aislamiento nos amenazaría de muerte.

El beso
Esa obligada, por nuestra propia naturaleza, necesidad de comunicarnos, la podemos llevar a cabo de muchas formas. Alguien que tenga una deficiencia física, como puede ser la palabra, podría comunicarse, y con ello, relacionarse con los demás a través de gestos, signos. De lo que nos importa hablar ahora, el beso, entra dentro de esa forma de diálogo o comunicación.

El beso se produce cuando las palabras ya nada o poco tienen que decir. Las personas y sus cuerpos necesitan gestos que llegan más a dentro que las palabras. Y ahí aparece el beso. Un beso que como las mismas palabras, puede ser verdadero o falso. Puede responder a ese diálogo abierto, entregado, sincero, fiel y comprensivo.

Un diálogo al descubierto, donde nada se esconde y donde el beso hace de sello que lo testimonia y lo siente desde lo más hondo de su corazón. Diríamos que el beso hace de firma notarial responsable entre las dos personas. Un beso que solo se comparte después de un diálogo abierto, sincero y comprensivo.

Pero también está la otra parte, la del beso con doble intención. La del beso que busca la lujuria y por tanto el engaño. Previamente el diálogo verbal ha sido falso. Las palabras demagógicamente han dicho y expresado lo que no sienten, y el beso, la última palabra y meta de la rúbrica del diálogo vuelve a mentir. No se busca el compromiso, la verdad, la vida, sino se desea el gusto, lo superficial, el momento de placer, la mentira, el aprovechamiento o el propio egoísmo.

El diálogo no ha sido desde el ágape, sino desde el eros. Las palabras preparan para que los cuerpos mientan, incluso estando ambos de acuerdo. El beso es fingido, no es verdadero. Sí, creo como Pilar que debería de dejarse de llamar beso, pero no hay palabras para denominarlo de otra forma. Simplemente beso falso, adulterado y mentiroso.

Pero también hay otro tipo de besos que sin pretender ser falsos, son inmaduros, como las semillas al pie del camino, sin raíces profundas. A las primeras de cambio, con los primeros rayos de sol son calentados y se queman. Son besos infantiles, irresponsables, que no aguantan labios enfermos o heridos por el tiempo. Y rompen ese sello que lo avala y que lo define como beso, beso de amor.

El beso es un arma de doble filo, y como tal necesita tiempo, maduración y sobre todo diálogo. Un diálogo que lo haga madurar con sinceridad y comprensión. Un diálogo que le dé tiempo para asentarse y ser capaz de que cuando bese se dé con la inención de dar, aunque dando se recibe. Sólo así será un beso de verdad.

El arte de vivir