viernes, 20 de mayo de 2016

"LA HIPOCRESÍA, LA HONESTIDAD Y LA SOLIDARIDAD"

“No se puede ser y no ser algo al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto”.Aristóteles.
Nuestra sociedad actual es pura fachada, predomina la mentira, la adulación barata, las medias verdades, el engaño, la ley del más fuerte. Anteponemos lo material a las personas. Los únicos intereses que nos mueven son nuestros problemas, nuestro confort, los problemas de los demás nos dan exactamente igual.
Honestidad
Para quedar bien, utilizamos los mejores argumentos adornados con frases hechas, y a veces, incluso, dejamos boquiabiertos a quienes nos escuchan, pero nuestro discurso de solidaridad, igualdad, coherencia, responsabilidad, libertad queda anulado porque nuestros hechos lo desmienten.
Para Noam Chomsky, (lingüista y analista social) la hipocresía se define como la negativa a aplicar en nosotros mismos los mismos valores que aplicamos en otras personas. No simplemente la incoherencia entre lo que se defiende, lo que se dice, y aquello que se hace.
Tal incongruencia no es producto de un error ingenuo, sino que es producto de la conveniencia táctica, usada para acomodar situaciones y adaptarlas de manera oportunista al objetivo personal de ganar espacios en un mundo ante el cual, si nos presentamos como somos quedaríamos fuera de lugar.
Frente a la hipocresía está la honestidad.  La honestidad es una cualidad humana que consiste en comportarse y expresarse con coherencia y sinceridad, y de acuerdo con los valores de verdad y justicia. En su sentido más evidente,la honestidad se entiende como el simple respeto a la verdad en relación con el mundo, los hechos y las personas.
La honestidad implica la relación entre la persona y los demás, pero también de la persona consigo misma.
En medio, la amistad y la solidaridad.
Vivimos en un mundo egoísta e hipócrita porque, entre otras razones, nos da miedo el compromiso; esperamos que la solidaridad venga de los otros; porque estamos tan aferrados a posesiones, sillones, espacios reales o ficticios que nos cuesta demasiado desprendernos de lo más mínimo.
El buen compañero/a, no te abandona en las dificultades, no te traiciona; nunca habla mal de ti ni permite que ausente seas criticado/a, sale en tu defensa. Frente a estos están los/as hipócritas. Nunca se alegran de tus logros, hablan a tus espaldas y envenenan a otras personas en relación a ti; cuando están contigo eres lo mejor, todo es halago; jamás acepta que se ha equivocado, fuiste tú. No acepta que otras personas triunfen y si lo has hecho “algo hiciste para que fuese así”.
Recojo aquí algunos párrafos del artículo que publicó hace poco Rafael de Loma en el periódico La Opinión de Málaga.
“Solemos decir que a la gente se la conoce en los momentos de la verdad. Siempre fue así, pero nunca lo percibe nadie en su auténtica dimensión hasta que sufre el zarpazo de la hipocresía, la insolidaridad” …. La gente se atrinchera en su miedo, pierden sentido palabras como amigo, compañero. Es la vida. Te ha tocado a ti, mala suerte. Yo, a lo mío. No pienso mover un dedo, no sea cosa que, por defenderte, me metan a mi también en el lío.
… Ni protestamos apenas, … metiéndonos en el redil de los silencios, … huyendo del problema de los compañeros, de los amigos, … . No queremos saber nada de lo que pueda ocurrir a nuestro alrededor. Primero, nuestro pellejo, luego ya veremos …. Nos abstenemos de opinar sobre las injusticias que se producen ante nuestras narices. No nos atrevemos a incomodar a los jefes intercediendo por buenas personas, buenos profesionales, buenos trabajadores, excelentes empleados, que no merecen ser despedidos o que lo merecen mucho menos que nosotros mismos. Es la crisis, es la hora de meter la cabeza bajo tierra…”
Frente a estos, como decía al principio, aparecen los hipócritas, los oportunistas, que de manera táctica utilizan estas situaciones para su conveniencia adaptándolas a su objetivo personal de ganar espacios a costa de lo que sea y de quienes sean.
Soplan vientos de hipocresía, insolidaridad, miedo y egoísmo.

El arte de vivir