lunes, 7 de marzo de 2016

"QUE NO TE DOMESTIQUEN"

Que no nos domestiquen. No huyamos hacia delante, plantémonos y demos la cara. Porque todos y todas nacemos, sin excepción, desnudos de un vientre de una madre. Y nadie tiene el privilegio de no morir. Por eso, no dejemos que nos domestiquen.
No dejemos que nos vistan ellos, nos marquen el camino de la vida y como dejarla. Porque vivir es una aventura con múltiples riesgos que puede ser maravillosa. Y la rebeldía no consiste en ausentarse del ciclón del presente marcado por las modas. Cruzarse de brazos y
Que no te domestiquen
ver pasar los días indolentes ante las ofertas que el marketing nos ofrece para domesticarnos. Los mejores coches, los mejores destinos turísticos, el mejor lápiz de ojos, etc. Que la economía vuela mientras no lo vemos así; que el paro disminuye mientras millones de personas abandonan el país; mientras nuestros parientes, vecinos o amigos se consuelan con un sueldo miserable cuando tienen la suerte de trabajar unas horas o unos días; mientras sabemos que nuestros hijos o los de nuestros parientes, vecinos o amigos solamente puede comer en el comedor escolar; mientras te ves a ti, a tus parientes, vecinos o amigos subsistir por los bancos de alimentos. No, no dejemos que compren nuestra libertad y nos domestiquen.
Nacemos para ser libres y vivir ese instante cósmico que nos regalaron. Bajo las propias leyes innatas de la naturaleza de la ética personal y social para una convivencia justa y solidaria. Honrarás a tu padre y a tu madre y amarás al prójimo como a ti mismo. No matarás, no robaras, no dirás falso testimonio ni mentirás y no codiciarás los bienes ajenos no

son fábula religiosa sino que emanan de la propia existencia compartida. Por eso, no dejemos que nos domestiquen con leyes injustas y a medida, que coarten tu libertad, que te priven cada día de ser feliz y dar felicidad, de sonreír ante lo bueno de la vida y dar o recibir el empujón necesario cuando las cosas no van tan bien. De disfrutar de la igualdad de oportunidades en el trabajo, en la vivienda, en la sanidad, en la educación, en la justicia, en la seguridad y en lo que tienes que tributar. Porque el mundo nos pertenece y pertenecemos al mundo. Por eso no dejemos que con falacias, besos y sonrisas falsas nos domestiquen.
Ayer y hoy, fuimos nosotros los que cambiamos el mundo para mejor. Y mañana lo podemos intentar de nuevo. No fueron ellos los que atrapados por la avaricia, el poder, la injusticia y la corrupción iniciaron el camino de la Humanidad. No, pero son ellos los que imponen la domesticación y las reglas de cómo hemos de vivir. De donde y como vivir. Los que configuran de cómo tiene que ser este hermoso Hogar. De expoliarlo y transformarlo para sus intereses avarientos sin importarles ponerlo en riesgo de caducar. Pero yo, tu, el, ella, nosotros/as, vosotros/as, aquellos/as queremos ser cómplices solidarios con el Planeta Azul. Compartir lo que nos da y darle lo que creamos. Y sabemos que es suficiente para todos/as, porque esta maravillosa Tierra y la propia Vida, todo lo hacen dentro de un espectacular orden y equilibrio. Y en su Plan, aprende de lo Viejo para sustituirlo de mejor manera por lo Nuevo para abrir nuevos horizontes de belleza y felicidad. Por eso y tan solo por eso, no nos dejemos domesticar.

El arte de vivir