miércoles, 20 de enero de 2016

"VIVIR DE APARIENCIAS, LA VIDA DE UNA PERSONA LIBRE"

Hoy quiero hablar de un tema que es muy común entre las personas: hablamos del simular o del vivir de apariencias con la finalidad ser amados o queridos. Es fundamental entender que ser amado, aceptado o querido es una necesidad fundamental en el ser humano, y hasta tal punto es fundamental, que a veces desarrollamos estrategias mediante las cuales dejamos de lado lo que en verdad somos para pasar a simular ser otra cosa con la finalidad de que nos quieran, nos acepten o nos amen. Eso no es precisamente pensar en grande.

Apariencias
El problema es que eso no es una buena estrategia y por eso me quiero referir a una frase de André Guide: Es mejor ser odiados por lo que somos, a ser amados por lo que no somos.
La persona que simula para que lo quieran o para que lo acepten, a desarrollado un vicio a través del cual logra ser amada o aceptada por algo que no es en sí misma, porque está simulando. Eso significa que ese amor o aceptación en el fondo es falso. Para eso es preferible ser odiado por lo que somos, porque si nos aman por lo que no somos, estamos viviendo en una fantasía terrible. Lograremos un éxito que no tendrá ningún valor.
No es que mentir aparentando lo que uno no es resulte nuevo pero se va instalando la apariencia como modus vivendi, a la vista del rechazo que crea la fealdad, la imperfección y las limitaciones y como respuesta a las carencias y lo entiendo, aunque no lo comparto plenamente,. Grande es la presión por disimular esas carencias. El caso es aparentar lo que no somos y tenemos. Hasta los chinos mienten ante el mundo.

¿Recuerdan esa niña encantadora que en la inauguración de los Juegos Olímpicos cantaba como pico de oro? ¡No era ella la que cantaba! Sólo vocalizaba mientras que la que cantaba era otra niña, pero no la exhibieron porque era algo más fea. Si vas a Internet no te quiero contar lo que se miente y disimula, igual que en otros muchos campos de la vida. Esta presión por mantener la imagen explica muchos comportamientos aberrantes.

No critico la importancia de la imagen pero sí los estragos de tal idolatría. Duele ver esa gente que no puede disimular (aunque quisiera) sus limitaciones para no sentirse objeto de miradas indiscretas y de críticas, algunas muy severas. Sorprende la cantidad de personas esclavizadas por vivir artificiosamente. Tener que aparentar lo que no se es lleva a muchas personas a dejar de comer y enfermar por aparecer esbeltas, a operarse la nariz varias veces hasta quedar estilo Michael Jackson. Conmueve también ver gente endeudada hasta las cejas por diferentes créditos con tal de parecer que tienen lo que la gente espera de ellos, aunque no esperen nada, pues cada uno está a lo suyo. Soy partidario de la cirugía plástica pero no de los abusos que algunos cirujanos y seudocirujanos cometen aprovechándose de la necesidad de algunas gentes y tampoco lo soy de esas personas que se embarcan en gastos excesivos con tal de corregir sus imperfecciones cuando lo que tendrían que operar es su cerebro. Soy partidario de causar buena impresión en cuanto a bienes y forma de vivir pero no a cualquier precio. Y lo que más duele es esa pobre gente que, teniendo defectos imborrables, se amarga por no pertenecer al mundo de los que creen “normales” aunque sean anormales. Psicológicamente lo mejor es aceptarse y quererse como es uno aunque pueda progresar, retocarse y mejorar, salvaguardando siempre la salud mental y el equilibrio. A quien se rechace le esperan muchos momentos de tortura y de calvario y eso si que erosiona, a la vista del rechazo que la moda propicia de la fealdad, la imperfección y otras carencias. A veces hay que fingir pero pero no hasta el punto de disolver nuestra identidad y esencia personales.

El arte de vivir