sábado, 19 de diciembre de 2015

"APRECIAR LOS PEQUEÑOS DETALLES"

¿Te has parado a observar hoy al salir de casa cómo está el cielo? La vida está llena de pequeños detalles, de pequeños momentos, de pequeñas sensaciones que, en el día  a día, son los que nos van dando algo parecido a la felicidad. No sé a ti, pero a mí el mirar siempre hacia delante, hacia esa agenda de tareas interminables que debo acometer o hacia el teléfono móvil y los miles de mensajes que esperan respuesta hace con mucha más frecuencia de la que desearía que me pierda esos pequeños detalles que, si me paro a observarlos, como sucede con el cielo de la fotografía, hace que se dibuje una gran sonrisa en mi boca.

Pequeños  detalles
Meditar tiene mucho que ver con la atención. La mayoría de las personas que no han  meditado nunca piensan que meditar es dejar la mente en blanco. Ayer sin ir más lejos escuché a una mujer que le decía a otra en el gimnasio que había ido a meditar y que eso no era para ella, que no sirve para estar quieta y dejar la mente en blanco. Meditar no es dejar la mente en blanco. Tiene  mucho que ver con entrenar la atención, donde ponerla y usar diferentes técnicas para lograrlo. Ya está.
Ya lo dice Daniel Goleman, el padre de la inteligencia emocional: “La atención es un músculo que se debe entrenar”. Goleman en su último libro, ‘Focus’, aboga porque entrenemos la atención a través de la práctica de la meditación. Para él, no somos conscientes de lo importante que es la atención pues es parte esencial de todo lo que hacemos. “Si no estás atento, probablemente no puedes acabar  ni una conversación, muchos menos un proyecto. La distracción es enemigo de nuestras capacidades”, asegura.
Mi propuesta tiene mucho que ver con la atención, con el entrenamiento de la atención y consiste en que cada día le dediques un rato, para empezar con cinco minutos puede ser suficiente, a tomar conciencia de cuáles son esos pequeños detalles de la vida que te llenan, por los que sientes felicidad y por los que el agradecimiento late dentro de ti. Mi propuesta es aprender a apreciar lo sutil, lo que siempre está ahí y a lo que no le damos importancia por las prisas, por estar sumidos en nuestros pensamientos o simplemente porque tenemos otra cosa que consideramos más importante pendiente de hacer de modo que llegamos a considerar algo común eso que tiene mucho de divino.
Y lo que te propongo es que esa observación esté carente de juicio. Intenta que por tus pensamientos no pasen juicios, ni adjetivos calificativos. Sólo observa la realidad que tienes frente a ti y que está llena de vida, de verdad porque es tal cual es. Así tal vez puedas sentir de nuevo el amor en los ojos de la persona con la que te levantas cada mañana, la inmensidad del cielo aunque hoy esté nublado, la frescura del viento en la cara, el sabor real de la tostada de cada mañana, la sabiduría de los movimientos de tu gato o de tu perro, lo reconfortante de una caricia, la continuidad del sonido que te llega desde la ventana, el calor tibio de los rayos del sol que empiezan a asomar…
Lo que te propongo es que pongas la conciencia en esos pequeños detalles que, al menos yo, no suelo ver porque lo habitual es que ande perdida en esos grandes proyectos que tengo que acometer, en las cosas pendientes en Viventi y en los próximos posts sobre temas importantes y trascendentales que voy a escribir. Hoy, como ves, no hay tema trascendental. Simplemente toca escribir sobre esos pequeños detalles en los que residen la felicidad y que, aunque los tenga delante, me resisto a ver por no considerarlos importantes.
¿Cuáles son esos pequeños detalles en los que para ti reside la felicidad? ¿De qué te has dado cuenta observándolos?

El arte de vivir