domingo, 11 de octubre de 2015

"¿QUE SENTIDO LE DAS A LA VIDA?"

Dar sentido a la vida es responder a la pregunta ¿para qué vivo, y esta es una de estas cuestiones que me resultan centrales, así que me puse a revisar en la biblioteca y me encontré con este texto publicado en el libro Fish! de Stephen Lundin, Harry Paul y John Christensen. Es un texto breve pero de gran contundencia, al menos para mí, y espero te guste y te sirva:
El significado, por John Gardner


Sentido
El significado no es algo que se encuentra por casualidad, como la respuesta de un acertijo o el premio en la búsqueda de un tesoro.
El significado es algo con lo que vas construyendo tu vida.
Lo construyes con tu pasado, con tus afectos y tus lealtades, con la experiencia de la humanidad que se te ha transmitido, con tu talento y tu comprensión, con las cosas en las que crees, con las cosas y las personas que quieres, con los valores por los que estás dispuesto a sacrificar algo.
Esos son los ingredientes. Tú eres el único que puede juntarlos en ese modelo que será tu vida.
Permite que la vida tenga dignidad y sentido para tí. Si los tiene, entonces importará menos de qué lado se incline la balanza particular del éxito o del fracaso.

Según Maimónides, la salud humana no depende sólo de la salud corporal sino también de la salud mental y espiritual.
Sólo un equilibrio entre estas tres partes garantiza un estado de bienestar. Él se dedicó mucho a la prevención de enfermedades combinando una dieta equilibrada (las reglas dietéticas de Maimónides son muy conocidas y mantienen su validez hasta hoy día) y la práctica diaria de ejercicio físico. Lo que llamamos hoy día medicina preventiva, era, para Maimónides, uno de los pilares de sus enseñanzas. No obstante, él no sólo se dedicó a la medicina sino también a la ética médica y la relación médico-paciente y médico-médico.
Este es uno de sus textos más conocidos:
"He contemplado repetidas veces un hecho que trastorna mi corazón cada vez que reflexiono en él. Gente joven y con enfermedades leves, mueren como si se tratara de ancianos presa de una terrible y letal dolencia; mientras que viejos atenazados por males en apariencia incurable sobreviven contra todo diagnóstico. Los jóvenes que así perecen eran más fuertes y deberían haber sobrevivido y los ancianos que resisten eran más débiles y tendrían que haber sido enterrados.

En todos los casos que he encontrado del tipo descrito, he descubierto que la clave para comprender tan extraño suceso no se encuentra en el examen de la anatomía de estos mortales, sino en el análisis de sus almas. Los cuerpos lozanos, fuertes y robustos tenían en todas las ocasiones un espíritu que no encontraba ningún sentido a la existencia, que no habían descubierto un objetivo hacia el qué dirigirse, que, en resumen, habían decidido no seguir viviendo. Por el contrario, aquellos miembros arrugados, gastados, exhaustos, albergaban un ansia indescriptible de seguir viviendo porque sabían para lo que vivían, aunque la experiencia resultara extraordinariamente difícil desde hacía décadas".

El arte de vivir