lunes, 3 de noviembre de 2014

"LA GENERACION PERDIDA"

La nueva generación perdida.

Una generación sin esperanza es lo que pronostica la Organización Internacional del Trabajo (OIT), derivada de la crisis económica financiera y actual.  Los jóvenes  pueden protagonizar una

Generación perdida
"generación perdida" que tiene problemas para entrar en el mercado laboral y que no encuentra solución a la situación en la que está inmerso.

"Estamos ante una crisis que puede llevar a una generación perdida o muy seriamente marcada. Se sabe que si no se comienza bien en el mercado laboral, si transcurre mucho tiempo antes de conseguir el primer empleo, esto influirá en el tipo de trabajo y en los ingresos por el resto de la vida", dijo el director del Sector Empleo de la OIT, José Salazar Xirinachs.

La investigación, basada en un millar de entrevistas, revela que el 47 % de los jóvenes considera necesario apoyar movimientos que promuevan cambios profundos en el actual sistema político, económico y social.

Ante la falta de oportunidades, ocho de cada diez jóvenes están convencidos de que tendrán que depender económicamente de su familia, el 85 % está dispuesto a trabajar "en lo que sea" y el 79,2 % cree que tendrá que seguir estudiando.

De hecho, siete de cada diez tienen la intención de retomar los estudios o ampliar su formación con el objetivo de conseguir un trabajo, y el 74 % cree que el esfuerzo invertido en ello merece la pena.

La falta de trabajo hace que los chicos y chicas vuelvan a estudiar para no quedarse "sin hacer nada",
Nueva generación 
ha precisado Megías, quien también se ha referido a la "frustración" de los jóvenes preparados que sienten que sus estudios "no van a servirles" y tienen que rebajar sus expectativas laborales.

El 53,2 % de los encuestados declara que su último empleo no estaba "nada relacionado" con su formación, a diferencia del 13,2 %, que sí encuentra un fuerte vínculo entre ambos.

"Cuando hay un bien escaso a repartir, las exigencias se rebajan" porque lo importante ahora es el trabajo "en sí mismo" y no tanto lo que aporta, ha matizado Megías.

El 61,7 % de los encuestados piensa que será "muy difícil" encontrar un trabajo que les guste, y lo que es más, tres de cada cuatro considera "poco o nada probable" encontrar cualquier empleo en un año.

El paro y la precariedad generan una "quiebra de confianza en el sistema" y cierta "inquietud" en cuanto al futuro, pues casi el 39 % cree que los derechos de los ciudadanos "no volverán a ser como antes" después de la crisis, y más de la mitad (53,2 %) opina que la mala situación económica exige más preparación a los jóvenes.

Aunque la mayoría reconoce vivir mejor que sus padres -salvo en lo relativo a estabilidad y seguridad económica-, los encuestados están convencidos de que sus hijos vivirán mucho peor que ellos, aunque sin retrotraerse al nivel de sus progenitores.

Predomina la visión de que salir adelante ahora solo "depende de los propios jóvenes y de los apoyos que reciban por parte de la familia", explica Megías.

A la frustración de las expectativas de futuro se le une una visión fatalista: tan solo un 20 % de los jóvenes cree que su situación mejorará en los próximos dos o tres años, frente al 36 % que piensa que empeorarán.

El arte de vivir