viernes, 7 de noviembre de 2014

"CHARLATANES FALSOS"

Secretos de los Charlatanes y falsos

El charlatán es un individuo que estafa a la gente con el afán de conseguir algún beneficio económico, o ventaja mediante el engaño o la superchería.

Esta palabra al parecer tiene su origen en el término francés charlatán, usado para  referirse a los vendedores de medicinas que anunciaban su presencia por medio de gritos, música  o un espectáculo
en directo.  Uno de los más conocidos charlatanes de Francia era Tabarín, quien montaba un escenario en la Place Dauphin de París en el año de 1618, quien inspiró a Moliére. La palabra puede tener su origen en el italiano ciarlare, (charlar), o de Cerretano, un originario de Cereto, pueblo famoso por sus curanderos. 

En los últimos años ha surgido un nuevo tipo de charlatán que se podría llamar "el falso escéptico", el "bufonazo de la ciencia" o, en una línea más política, "el quintacolumnista de la memez". 

Juntos, estos personajes forman el "Movimiento de Falsos Escépticos y Soterrados Engañabobos", el "MOFESE". 

Se trata de tipos que, en su búsqueda por obtener alguno de los grandes satisfactores del charlatán, o los tres (admiración, sexo y dinero), se dan cuenta de que el mundo del esoterismo, las paraciencias, el misticismo, la parapsicología y la parafernalia de estas paratonterías cuentan en sus filas con ejemplares capaces de desacreditar hasta a Nelson Mandela si se toman una foto con él. 

Esta aguda percepción puede tener varias formas: "Paco Porras es un tanto fantochesco", podría ser uno de sus agudos razonamientos, o a guisa de madura percepción: "eso de tomarle una foto a Jesucristo con dos de sus apóstoles resulta ligeramente dudoso". O bien: "hombre, quizá ya se ha demostrado suficientes veces que no se puede encontrar agua con un palito" o en un esfuerzo neuronal verdaderamente olímpico, perciben que "se me hace que el mal de ojo no existe". 

Si no, siempre les queda hablar mal de las sectas, sabiendo que la alarma social ante el fenómeno sectario es tal que eso les gana puntos, siempre y cuando el público no se dé cuenta de que lo que viene después es, en realidad, altamente protosectario y ciertamente fenicio. Las sectas causan mucho miedo, y éstos aprovechan que ellos todavía no causan tanto miedo, aunque sean pocas cosas las que los diferencian de las sectas más peligrosas. 

Como sea, su instinto mercadotécnico los llama a hacer lo que en publicidad se llama "diferenciación", para así "posicionarse" en la mente del público en una dimensión distinta de los más colosales palurdos de su tribu. La "diferenciación", por ejemplo, es lo que hace que los fabricantes de detergente inventen nombres esquizoides para los más sencillos ingredientes, haciéndole creer al inocente comprador que sólo ellos tienen "cloritrax sulfamida, para cortar la grasa", "espumol polifrutado para que no se le corte la espuma", o bien se agrega algún ingrediente sumamente idiota, como la sávila "para cuidar sus manos" (claro que, si el detergente es bueno, le lavará de las manos completamente la sávila que él mismo contiene, con lo cual usted paga por un ingrediente que esencialmente sólo sirve para tirarlo por el caño). 

"Diferenciarse" es ser distinto, sí, pero también "mejor" a ojos de las chusmas. Una consecuencia de la diferenciación es el "posicionamiento" que da "valor agregado" a los productos (todo esto son grandes secretos de la publicidad y la mercadotecnia o márketing). 

Por ejemplo, es difícil de creer que hacer un Ferrari Enzo cueste seiscientos mil euros, es decir, cuarenta veces más que los quince mil euros de un Renault decentito. En realidad no cuesta tanto, ni mucho menos, por más que esté hecho a mano con el último alarido de la tecnología. Pero el caso es que Ferrari no sólo vende las materias primas, la mano de obra y la tecnología, nonono, vende "status", vende "imagen", está posicionado como lo máximo en automovilismo, al grado de que la propia Ferrari decide a quién le vende sus coches y a quién no. Un pelagatos con dinero que no pertenezca a la Jet Set tendrá que buscarse su Ferrari de segunda mano, porque la fábrica en Milán lo mandará, si le da la gana, a meterse sus seiscientos mil euros por donde no les dé el aire. Y entonces ese "posicionamiento" genera la percepción de "valor agregado" y no faltan (al contrario, sobran) los que desean pagar los seiscientos mil euros para poseer un Enzo o un Testarosa. 

Bueno, entre los charlatanes también hay "diferenciación" y "posicionamiento". Después de todo, el negocio que tienen es pura mercadotecnia.