viernes, 21 de noviembre de 2014

"APRENDER DE LOS FRACASOS DE LA VIDA"

No existen fracasos, sino resultados.


Solemos llamar fracaso al resultado fallido y frustrante de unas expectativas: algo que tenía que suceder no sucede, o lo que no tenía que suceder sucede, y acarrea un sentimiento de desaliento que incapacita. Existen entonces dos dimensiones: unos resultados y unos sentimientos. El hecho de que algo no haya salido bien es simplemente un resultado. Nada más y nada menos. Si lo aceptamos así, como un resultado, podemos analizar lo que ha sucedido y corregir con vistas al futuro las secuencias necesarias para obtener un buen resultado. El problema se esconde en los sentimientos, o sea, en la interpretación que hacemos de los estados emocionales producidos por el mal resultado y cómo los asociamos a nuestra identidad. Es como decir que somos lo que hacemos. Por eso, a veces, un mal resultado acaba siendo vivido como un déficit personal, como un fallo de nuestras capacidades y recursos. Un fracaso, en definitiva, por ser nosotros mismos, por ser como somos. 
Todos estamos expuestos al fracaso, esa es la realidad. Creerse exento de él es un absurdo y una falta de sentido común. Esta realidad puede tocar cualquier ámbito de la vida, en todos los niveles: pérdida del empleo, una derrota deportiva, una ruptura familiar, un descalabro en la vocación, etc., sin embargo, si asumimos el fracaso con una actitud correcta podremos incluso fortalecernos y abrirnos a nuevos horizontes.
El problema principal de los fracasos es que no estamos acostumbrados a abordarlos de ese modo, al contrario, vivimos atemorizados por el riesgo de fallar, perseguidos por la sombra de la crítica o de la humillación. En suma, hemos perdido de vista que dentro del fracaso subyacen lecciones esenciales para la vida. Todo hombre, por su naturaleza finita y limitada está propenso al error, concebir el fracaso como una maldición es tanto como considerar que nuestra propia naturaleza falible también lo es. De ahí la importancia de quitarle esa etiqueta y convertirlo, en cambio, en una puerta abierta al crecimiento.

El fracaso: una forma para empezar de nuevo
La felicidad, la paz, la perfección no se consiguen sin pasar por fracasos y duras pruebas, pero sin perder el entusiasmo, el carácter, la iniciativa. Suena fácil, pero adoptar esta máxima como forma de vida no es sencillo, implica modificar toda una visión del mundo, sustituir ideas adquiridas –fruto de una educación errónea– por una postura más abierta y dispuesta a la gracia divina, que nos permita aprovechar los cambios y los errores cometidos, a favor de uno mismo y de los demás. 
Lo cierto es que, de cara al fracaso, muchos tendemos a darnos por vencidos en las empresas que iniciamos; nos dejamos arrastrar por el miedo y renunciamos a un segundo intento con la excusa de que ese camino no era para nosotros. Mediante este tipo de justificacion es nos alejamos cada vez más de la realización. Preferimos adoptar la postura de víctima que la de luchador.

Sugerencias para superar el miedo al fracaso
1. Aceptarlo. Muchas veces ese miedo es totalmente irracional, y una vez que lo enfrentamos nos damos cuenta de que no tiene fundamentos reales.
2. Estar en movimiento. Realizar acciones concretas, arriesgarse, asumir nuevos retos, evitar la inercia. Nada puede lograrse si uno permanece inmóvil en el cuerpo, mente y corazón.
3. Perseverar. Las personas que tienen como consigna el triunfar en la vida nunca se dan por vencidos. Buscan opciones, pues están convencidos de que la victoria es cuestión de perseverancia. Dios no bendice las manos flojas.
4. Buscar nuevos caminos. Quien no está dispuesto a alterar su rutina de todos los días para explorar sendas no recorridas, jamás obtendrá resultados distintos. 
5. Ser consistente. Debemos entender que la adversidad, el error y la desilusión siempre traen consigo la semilla de un beneficio equivalente o mayor.
¿Cuáles son las lecciones que nos brinda el fracaso?
– Descubre aspectos de nuestra vida que tenemos que mejorar. En los que debemos esforzarnos más.
– Ayuda a identificar prioridades, a distinguir lo importante de lo superficial.
– Empuja a buscar otras opciones, a explorar nuevos caminos y buscar respuestas más creativas, frescas y originales.
– Obliga a modificar aquello que ya no funciona.
– Permite evitar los mismos errores en el futuro.
– Estimula la reflexión interior y el contacto con uno mismo.
– Quien sale adelante ante los fracasos, fortalece el carácter y eleva su autoestima.
– Nos capacita para ser más comprensivos con los demás.
– Nos recuerda quiénes somos y de qué estamos hechos, permitiéndonos crecer en la humildad y en la confianza en Dios.Nos enseña que lo más importante en la vida no es de dónde vienes, sino a dónde vas. ¡Esta es la gran oportunidad que Dios nos brinda!

Para sobrevivir al fracaso
- Es necesario aprender, no culpes a otros. El primer paso consiste en preguntarnos dónde estuvo la falla. ¿Para qué perder el tiempo culpando a los demás, a las circunstancias o a uno mismo? Es más saludable para el cuerpo y para el corazón descubrir las lecciones que nos deja el fracaso y aprovecharlas.
- No temas el cambio. El movimiento nos mantiene vivos y fomenta nuestro crecimiento. Los cambios son buenos, aunque de momento no se entiendan.
- Conserva el sentido del humor. La capacidad de reírse de uno mismo es básica para restarle peso y gravedad a cualquier situación. Gracias a la risa podemos analizar las cir-cunstancias desde un punto de vista más realista.
- Recuerda que hasta los más grandes se equivocan. En ello radica su fuerza porque se atrevieron a hacerle frente a todo tipo de desilusión antes de llegar a la cima.
- Tener presente que es imposible complacer a todo el mundo. La definición de lo que debe ser la vida depende principalmente de ti y de Dios. La tendencia a quedar bien con los demás constituye un gran obstáculo para la consecución de las metas personales.
- Jamás olvidar que los fracasos son solamente pausas y no paradas definitivas, la vida continúa.
En conclusión, las probabilidades de alcanzar la felicidad están, en muchas ocasiones, en función del manejo positivo del fracaso y no resistiéndose al mismo. La idea de que uno nunca debe equivocarse , limita el crecimiento y nos impide caminar.
Fallar en la vida puede provocar un terrible miedo, que nos haga desistir de volver a intentarlo. Eso es muy peligroso, es la más grande equivocación. El triunfo es una conquista que sólo existe en el corazón de aquellos que creen que el mañana será mejor.
Siempre es bueno morir en el intento de volver a empezar, ya eso es un triunfo. Hay que tener en mente que en la vida se gana y se pierde, se vive y se muere. Sin embargo, nunca te des por vencido sin antes luchar; que nada te haga renunciar antes de tiempo. Sólo Dios indica el camino.


El arte de la felicidad