martes, 21 de octubre de 2014

"IINFIDELIDAD POR VENGANZA"

Las infidelidades nacieron junto con el amor.

Infedelidad 

Las infidelidades nacieron junto con el amor. Están en todos lados y no podemos obviarlas y pensar “a mí nunca me va a pasar” Por el solo hecho de estar en pareja tenemos la posibilidad de engañar o que nos engañen.



Vivir una infidelidad implica un remezón en nuestras vidas, una alerta permanente de que algo malo puede pasar y una duda que se instala para siempre.
Perdonarla implica fortaleza, terminar la relación, un cambio de vida.

Dicen que la venganza es un plato que se come frío, pero este no es el caso. Es más bien todo lo contrario, una especie de impulso imparable, una rara satisfacción que hasta puede convertirse en algo retorcido o maquiavélico. O por lo menos esa es la impresión que deja alguna persona que se acuesta una y otra vez con un hombre o una mujer por el/la que no siente mayor interés, pero lo hace solamente para disfrutar la satisfacción de serle infiel a su pareja.
Puede que en algunos casos se tenga una colección de buenos motivos para buscar revancha. Y esa se convierte en la excusa suficiente para ‘cometer el delito’.
Senxualidad
Sin embargo es difícil entender de dónde proviene esa fascinación por realizar este tipo de venganza, porque en definitiva, sólo ellos son los que saben que están cometiendo la infidelidad, a menos, que quieran que sus parejas se enteren.
Generalmente la venganza se saborea cuando el otro (el que la hizo y ahora queremos que las pague) acusa recibo de esa venganza. Es, claro, un poco cruel, pero ese dolor que provocamos en quien creemos que lo merece no sirve de nada si el otro, justamente, no participa demostrando su dolor.
Como dice el refrán popular, “ojos que no ven, corazón que no siente”. Entonces se vuelve al principio: ¿qué clase de revancha es esa de poner los ‘cuernos’ en venganza de alguien que ni siquiera se va a enterar de que estamos llevando a cabo nuestra venganza?
Algunos explican su revancha porque les parece ideal estar con su amante, viéndolo desnudo/a, y pensar que su pareja está en la casa viendo televisión o esperándolo para cenar.
Se sienten poderosos. Sienten que cuando vuelven arrebatados por lo que acaba de pasar y su novio actúa como si nada pasara, por fin, se cobra tanta factura pendiente. Y él no lo sabe.

El arte de vivir