martes, 18 de abril de 2017

"QUIERO TENER COSAS QUE CONTAR"

“Quiero tener cosas que contar. Quiero cuando me vaya sentir que he pasado por aquí”.
Tener cosas
Entre tanta definición y tanta diferencia me queda la sospecha de que quizás la búsqueda de la felicidad sea la pregunta equivocada. Por eso, y a riesgo de equivocarme, permitidme decir lo siguiente:
Yo no he venido aquí ni a ser feliz ni a no ser feliz, yo aquí he venido a vivir.
He venido aquí a mirarle a los ojos a la vida y a aceptar que entre ella y yo nunca va a ir todo bien. Que si bien está llena de alegrías, ilusiones y sorpresas, también lo está de sinsabores, sustos y decepciones. He venido a aceptar el desafío de llevármelo todo: besos y tortas, comienzos y rupturas, triunfos y fracasos. Yo no quiero una vida a cachitos y recortada, yo la quiero entera, porque prefiero un dolor de verdad a una alegría de mentira. Quiero una historia con su trama, su intriga y sus desenlaces, con sus anhelos, sus “lo logré” y sus “casi lo consigo”. Quiero cuando me vaya sentir que he pasado por aquí.
Quiero tener cosas que contar. Quiero guerras, hazañas, amistades, viajes y aventuras. Quiero conocer la paz de un camino recto y asfaltado, pero también la adrenalina de la curva. Y si alguien prefiere quedarse en una roca de Nepal meditando, serenando su alma, controlando sus deseos y alcanzar así los mayores niveles de felicidad, me parece bien, pero yo esa vida no la quiero. No quiero una vida calmada, sin sufrimiento, sin impotencia y sin frustración. Repito: yo la quiero entera.

Para ser sinceros, entre tanta definición de felicidad, yo ya no sé si esta es momentánea o sostenida, pero sí sé que no quiero –aunque existiera– un orgasmo de toda una vida. “La felicidad ininterrumpida aburre, debe tener alternativas”, decía Molière. Yo quiero salir, ponerme guapo, encontrarla, jugar, conquistarnos, comernos, retarnos y después, por unos segundos (y solo por unos segundos), corrernos. Porque hay cosas que aunque solo duran un rato y aparecen para después desaparecer, pueden en su fugacidad justificar una vida entera.

El arte de vivir