viernes, 9 de diciembre de 2016

"PREOCÚPATE MÁS POR TU CONCIENCIA"

Preocúpate más por tu conciencia que por tu reputación, porque tu conciencia es lo que eres, ése es tu problema. Tu reputación es lo que los otros piensan de ti, y lo que piensan los demás, es problema de ellos”. – Albert Einstein.
Preocúpate por tu conciencia
Nacimos siendo absolutamente maravillosos, libres y completos. La gran tragedia es que, sin darnos cuenta y en algún momento, llegamos a creer que debíamos convertirnos en algo más. Comenzamos a pensar que teníamos que ser diferentes para pertenecer o asegurar que otros nos acepten. Sin embargo, estas son solo un repertorio de creencias contaminadas que habitan dentro de nosotros y que nos limitan, no solo a ser quiénes realmente somos, sino en primera instancia a descubrir quiénes somos. 
De la falta de conocimiento de uno mismo es de donde nace la necesidad de defender nuestra posición, de negar nuestros errores, de compararnos con otros y de querer ser lo que no somos. Es de donde proviene la amarga urgencia de validar fuera de nosotros lo que solo podemos aprobar desde nuestra conciencia. 
Saber quiénes somos constituye quizá la experiencia más trascendental de nuestras vidas. Es un proceso que lleva implícito el descubrimiento, la capacidad de “ver”, de “darnos cuenta”. Implica revelar y precisar con objetividad nuestras limitaciones y capacidades; discernir el origen de nuestros pensamientos, actitudes, valores, emociones, sueños y esperanzas. El infortunio es que esta posibilidad de hallarnos significa emprender un recorrido pausado y, sin duda, complejo que, muchas veces, se ve empañado por temores, círculos no cerrados, desconfianzas, debilidades y culpas que nos hacen desistir en el intento y perder de vista la gran recompensa que supone saber quien es uno sin someterse al escrutinio de otros para definirse. 
Si eres observador, te habrás percatado que la gente dice cosas que no siente y hace cosas que no quiere buscando la aprobación de terceros, aun a costa de su propia integridad. Con mucha facilidad las personas pasan por alto sus verdaderas necesidades y deseos supeditándose a las necesidades y deseos de otros con la única finalidad de que los acepten no por quienes son, sino por lo que creen que deben ser. 
Y por absurdo que sea, así es como terminamos inmersos en una sociedad donde padres de familia, amas de casa, empleados, empresarios, profesionistas y hasta empresas están más ocupados en cuidar su reputación que su consciencia. 
Confundimos reputación con conciencia, creyendo que son la misma cosa y no lo son en absoluto. La reputación es lo que otros piensan de mi, la conciencia es lo que yo sé de mi. La reputación sabe de estrategias de autodefensa, demanda incesantemente la validación externa y consigue resultados basados en lo que otros ven. La consciencia en cambio, es el verdadero guardián, el único juez que nos seguirá a todas partes hasta el fin de nuestra existencia. Se apoya en la reflexión interna de la realidad y sabe distinguir entre un cumplido y una crítica y la ratificación unánime de lo que yo sé de mi y lo que los demás ven de mi. A fin de cuentas, no perdamos de vista esto: somos lo que creemos que somos.


El arte de vivir