martes, 5 de enero de 2016

"REFLEXION LA VIDA ES GRANDIOSA, DISFRÚTALA"

“La vida es un juego fuerte y alucinante, la vida es lanzarse en paracaídas, es arriesgarse, caer y volver a levantarse, es alpinismo, es querer subir a lo alto de uno mismo..."
Hoy no revelaré tu nombre ni la causa de que ya no estés con nosotros. Hoy sólo te escribiré las cosas que un día no te dije, quizá por dejadez mía, por ignorar tu situación, quizá por pensar que estabas muy lejos del día de tu partida; ya que, a los 29 años se supone que aún nos quedan muchos años para vivir y disfrutar, pero, lamentablemente no fue así.

Vive la vida
Y fue con tu adiós que aprendí que las cosas se dicen en vida, sin necesidad de esperar un momento en especial, pues cada día es una oportunidad para hacerlo, para decirle y demostrarle a alguien lo mucho que lo queremos y lo que significa en nuestras vidas.Tarde, pero lo aprendí.
Hoy, después de 3 años y medio de tu partida te escribo esta carta querido primo, contándote lo que nunca te dije y ya nunca te podré decir.
Quizá no fuiste el mejor hombre, el mejor hijo, hermano, primo, pero pude aprender bastante de ti. No soy nadie para juzgarte o criticar lo que alguna vez hiciste mal, pues somos humanos imperfectos, vivimos de la mejor forma que podemos, y en la manera que mejor creemos.
Viviste rápido, una vida acelerada, quisiste comerte el mundo entero de un bocado, disfrutaste si, mucho, pero a veces la felicidad no está en hacer mil cosas a la vez, sino en saborear una por una a su momento. Me enseñaste que no hay porqué tener pena, miedos, desconfianza, que si deseas hacer algo lo hagas, te atrevas, pues el día de mañana es incierto, lo único que tenemos es el hoy.
Amaba tus ocurrencias, tu sentido del humor, quizá un poco ácido y sarcástico como el mio, pero nunca te importó lo que pensaran los demás sobre eso. Éramos muy parecidos, en gustos, carácter, sueños, anhelos, éramos como tú nos llamaste: las “ovejas negras de la familia”. Aquellos chicos que vivíamos en nuestro mundo, que cambiábamos de pareja cada año, que no encajábamos con la familia “perfecta” en la que estábamos.
Me platicabas tus problemas, me pedías consejos, a pesar de que eras mayor que yo por 7 años, eso nunca fue algo que nos importara o nos impidiera ser tan unidos, tan cómplices. Eras el alma de toda la familia, aunque estuviéramos divididos en grupos, distanciados, tú te hablabas bien con todos, contabas con la confianza de todos. Eras ese chico alegre que andaba de un lado para otro. Alegre, aunque nadie sabía que por dentro estabas llorando.
Te escondiste bajo una máscara, nunca hablaste con nadie sobre lo que te pasaba, nunca nadie supo lo solo que te sentías y los fantasmas que te atormentaban.
Lamento la etapa en la que nos distanciamos, nuestras conversaciones ya eran nulas, no sabíamos nada el uno del otro, pero siempre supuse que estabas bien, feliz, alegre y disfrutando de la vida como sólo tú sabías.
¡Oh mi gran error! “Suponer”, siempre se nos va la vida en “suponer” cosas que no son, y por suponer nos perdemos momentos que nunca volverán.
Te ví 8 días antes de que te fueras y me sorprendió verte así, sin ánimo, sin esa luz en el rostro, descuidado físicamente. Me contaste de una cuestión de salud que tenías y dijiste que te lo atenderías, y yo supuse “Estará bien, él siempre sabe salir adelante”.
Esa fue la última vez que te vi.
Aún se me hace un nudo en la garganta al recordarte, aún mis lágrimas brotan como si fuera ayer cuando te fuiste. No logro explicarme muchas cosas, y sé que algunas nunca tendrán explicación.
Agradezco las veces que has venido a visitarme en sueños, y agradezco siempre hayas estado ahí para mí. A todos les hablabas bien de mí, nunca te portaste grosero, pues más que primos, fuimos como hermanos.
Hoy sólo deseo que allá arriba te encuentres bien, feliz, alegre y sigas disfrutando como lo hiciste aquí. Cuídanos mucho a donde sea que vayamos. Y gracias por la gran lección que nos dejaste: Disfruta la vida mientras puedas, ama mientras puedas, levántate una y otra vez de las caídas, nunca des nada por hecho ni supongas, y sobre todo, saborea lentamente cada momento como si fuera el último que vas a vivir.

El arte de vivir