viernes, 25 de julio de 2014

"SENTIMIENTOS PROFUNDOS"

la diferencia entre los sentimientos profundos y los superficiales



Sentimientos del corazón 








Aprendí, que tantos años de soledad me han dado la oportunidad de saborear mi esencia, que mis horizontes no son los mismos de ayer. Aprendí que ha fuerza de intimidad con mi alma, crecí y cambie…

Aprendí, que mi corazón ya no anhela con la fuerza de un huracán descontrolado, hoy anhela con el de una brisa suave en un día calmado.

Aprendí, que no puedo arrancar de mi todo aquello que se enraizó en lo más profundo de mi alma. Que mis recuerdos me pertenecen, y puedo tratar de olvidarlos pero no puedo desterrarlos como si jamás los hubiera vivido. 

Aprendí, que cada ser que fue un huésped de mi vida, me dio la mano y guió mis pasos hacia lo que soy… hacia lo que siento…

Según algunos psicólogos, los sentimientos, especialmente los sentimientos profundos, son algo así como disposiciones que favorecen la actividad si son positivos o la inhiben, si son negativos. Por otra parte, los sentimientos son de dos tipos: profundos y duraderos, o superficiales o variables o intercambiables con otros sentimientos. Otros sostienen que los sentimientos marcan el enlace de las facultades espirituales con el sujeto humano, pero el asunto es más complicado. Los sentimientos son algo así como precedentes de ciertas direcciones del pensamiento, o de ciertos rasgos de la conducta, a las que suelen acompañar. En el supuesto de que aceptemos esta opinión que es algo vaga o amorfa, según la cual se da una cierta alternancia entre los sentimientos, los actos de la inteligencia y de la voluntad, conviene añadir que hay sentimientos más profundos que otros que dependen del estado de salud, de circunstancias corpóreas o de accidentes de la vida.

En esta situación, la diferencia entre los sentimientos profundos y los superficiales tiende a difuminarse. Al dudar de la capacidad intelectual del hombre y al rechazar la dirección de la voluntad hacia los bienes más altos, se duda también de que existan realidades superiores al hombre, y se incurre en el agnosticismo religioso. Este angustioso descrédito del sentido de la vida, induce a tomar como criterio de actuación a las vivencias más inmediatas, que son las sentimentales.

El arte de vivir