martes, 24 de noviembre de 2015

"NO ES LO QUE CREEMOS"


Las apariencias
La mayoría de los seres humanos tenemos juicios prefabricados sobre estereotipos basados en la apariencia física de las personas.
Nos consideramos buenas personas, tolerantes y abiertas. Creemos que aceptamos a todo el mundo como es y que no hacemos diferencias porque otra persona sea de otra etnia, raza o estatus social. Pero no es así. Nuestra conciencia nos dicta unos sentimientos y, sin embargo, nuestro inconsciente se rige por otros gustos y preferencias.
Un test denominado Prueba de Asociación Implícita publicado en 2006 puso en evidencia que lo que decimos muchas veces no es lo que pensamos. Tres millones de personashicieron la prueba y se puso al descubierto que tres cuartas partes de los blancos y de los asiáticos estadounidenses mostraron una tendencia inconsciente a valorar más a los blancos que a los negros. Muchas personas que completaron la prueba prefirieron implícitamente más a los jóvenes que a los ancianos, así como favorecieron inconscientemente a los hombres frente a las mujeres.
Es algo común y en cierto modo hasta justificable. Expertos en psicología afirman que este comportamiento es un recurso de nuestra mente para obtener “cierta” información de personas que no conocemos y por lo tanto también funciona como una barrera. Los estudiosos del tema afirman que hay razones para formar estos prejuicios y de ahí crear estereotipos, a pesar de que puedan estar equivocados con respecto a la realidad.
En un nivel básico, juzgar a la gente por su apariencia significa que inmediatamente lo ubicamos en una categoría tan elemental como cuando identificamos que un animal es un perro o un gato.
Especialistas de psicología y neurociencia en Princeton aseguran que tradicionalmente, la mayoría de los estereotipos se dividen en dos vertientes: si las personas parecen buenas o malas.
La edad juega un papel muy importante en los estereotipos también, las personas mayores son consideradas como inofensivas e inútiles, de hecho, recientes investigaciones demuestran que los estereotipos raciales y étnicos son muy fáciles de cambiar por los de género y de edad, particularmente si hay quien los fomente.
Cuando alguna persona hace algo que está fuera de nuestra noción preconcebida, es decir, algo extraordinario que no concuerda con los estereotipos que ya están grabados en nuestra mente, tendemos a ignorarlo para no aceptar que es distinto pero al mismo tiempo fenomenal.
Buscamos entonces que su comportamiento o su apariencia tengan sentido, incluso si ese no es el camino “normal” para serlo. La ubicamos como algo excepcional manteniendo las mismas categorías en nuestra mente y buscamos una explicación para las cosas con las que discrepamos.
A pesar de que podamos tener ya muchas excepciones a los estereotipos, generalmente conservamos el grupo de categorías que comúnmente tiene todo el mundo.
La necesidad de reafirmación de la autoestima del grupo también ha impulsado el origen y mantenimiento de los prejuicios.

El arte de vivir